Desde pequeño, he sido criado sin mencionarse a Dios. Desde que nací, mis padres insistieron en darme una educación neutral, ausente de cualquier interpretación religiosa o filosófica sobre el mundo que me rodeaba y sobre su creación. Cuando era muy pequeño, todo esto tenía poco sentido para mí, por no decir ninguno. Sin embargo, fui creciendo y era de los pocos que no iba a clase de “religión”. En un país fundamentalmente católico, yo era una de las pocas excepciones en el colegio. Las preguntas no tardaron en llegar. Pregunté a mis padres por qué yo no estudiaba religión, por qué me quedaba esas horas en el colegio solo en clase o al lado de un profesor que se limitaba a vigilarme mientras corregía exámenes.

El Jardín de las Delicias, Hyeronimus Bosch. (Tríptico cerrado)
“Porque queremos que cuando seas mayor, tú decidas”. Sólo necesité oírlo una vez. Lo había entendido. Unos cuantos años después, he reunido suficiente experiencia y dudas como para escribir el artículo que estás leyendo. ¿Existe Dios? Si existe, ¿quién o qué creó a Dios? ¿Creó Él el universo? Si no existe, ¿quién lo creó? ¿cómo se creó?
