Lector, es tierra con minúscula, efectivamente. La tierra, el suelo, es algo que nos envuelve, nos rodea, nos sostiene de forma permanente. Es algo que damos por hecho, que sabemos que está ahí. No necesitamos imaginar su existencia, ni pensar en los miles de kilómetros que hay de tierra, arena y piedra debajo de nuestros pies. Para nosotros, la tierra es sólo un recipiente, y todo aquello que está debajo de ella pertenece al pasado. Enterramos a nuestros antepasados bajo tierra, esperando que los metros de espesor y el tiempo curen nuestras heridas. Algunas culturas utilizan el subsuelo de forma continua, como medio de transporte, como forma de vida contra la intemperie. Sin embargo, no es esa la tierra que concierne a este artículo.
La crisis económica no es sólo economía. España, admitámoslo, es un país de muchos problemas, quizás demasiados, que llevan sin resolverse desde las guerras carlistas. Esa brecha entre afrancesados y no afrancesados hoy sigue existiendo. Una brecha que, durante el siglo XX, se ha ido convirtiendo en otras batallas y diferencias políticas. La izquierda y la derecha en España están marcadas por estos acontecimientos históricos. Es algo innegable. No se puede comparar la diferencia política en España con la que hay en el resto de Europa. Sencillamente no son equivalentes.
El problema con la crisis lo va a tener el gobierno. El ciudadano de a pie, y especialmente el español, es hábil por naturaleza. Si las cosas se ponen feas, feas, que se pueden poner, encontraremos una forma de seguir hacia adelante. El gobierno puede que no. No me refiero a dinero.

El gobierno de España, sea quien sea el que esté en el poder cuando esta debacle ocurra, habrá fracasado cuando la ciudadanía deje de sentirse representada por el mismo. Esto es algo que ya está pasando de forma alarmante. Cuando el ciudadano deja de sentirse representado por un gobierno al que paga un puñado interesante de su salario, se enfada. Si Europa cree que el recorte de derechos y el aumento de los impuestos no va a pasar factura política a los gobiernos, están muy equivocados. Las protestas en los países musulmanes son igual de posibles en un país tan “civilizado” y “demócrata” como España.
Cuando este tipo de crisis económica ocurre, a veces hay que saber mirar a través de la macroeconomía. La macroeconomía, sobretodo en España, ha sido durante años un velo que mostrar al exterior como signo del gran milagro español. Ese velo a veces se tiene que descubrir y revelar la real naturaleza de las circunstancias.
Para el asesor externo que cobra por horas en la Moncloa, tú y yo somos una estadística, pero si los gobiernos no empiezan a empatizar con las mentes que hay detrás de esos números, el estado de derecho ya no podrá ser cuestionado… porque sencillamente no existirá.
No estoy de acuerdo con la última reforma laboral del gobierno. Hace flaco favor a la economía española y está claramente dirigida por las ‘recomendaciones’ externas del FMI y de la Unión Europea. En lo que se refiere a las cuentas del estado, puedo entender que, sencillamente, ya no hay más dinero para ir repartiendo a diestro y siniestro, pero estas medidas parecen más orientadas al empresario medio que a cebar los números rojos del estado.
¿Qué es lo que nos entusiasma tanto sobre la piel blanca? Estamos gobernados por una sociedad llena de villanos oscuros y héroes blancos. Desde las películas de Disney, donde Aladdin está menos ‘saturado’ en color que sus co-villanos, hasta Wall Street, una fiesta non-stop de blanquitos de mediana edad y mucho billete verde. Lamento decirte, lector, que ser blanco lleva estando de moda desde hace veinte siglos, aproximadamente. Siempre hemos escuchado sobre el término ‘canon de belleza’, y si bien es cierto que en antiguas culturas la figura ideal era distinta a la actual, nuestros actuales cánones están ligeramente por encima de lo retorcido.
Cuando leí ‘Ensayo sobre la ceguera’, lo primero en lo que pensé fue en la debilidad de la democracia. El poder del pueblo, por desgracia, no es algo eterno y jamás lo será. Es débil, muy débil. Es ideal, pero casi anti-natura. Miles de personas se levantan todos los días y se miran al espejo queriendo ser los próximos caudillos, los siguientes “dueños del cotarro”. Cientos de miles se levantan y despotrican contra los actuales políticos, añorando los tiempos de palo largo y mano dura, los tiempos donde no alzar la mano y apoyar el nacionalismo más radical era sinónimo de la persecución política y el repudio social. Cuando Saramago escribió sobre la ceguera, nos hablaba de esa ceguera. Líderes y seguidores, todos, llevaban y siguen llevando un velo que cubre sus ojos. Sólo oyen y ven a través de los fantasmas del pasado, de la xenofobia, del racismo, de la asquerosidad humana. Sus sentidos sólo son capaces de sintetizar lo que masticaron sus antepasados, los crímenes que apoyaron, las familias que rompieron y las almas que corrompieron, con su tortura, con los sentimientos más indignos y oscuros del ser humano.
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Warhol está en mi lista de inspiración diaria. No hablo tanto de su arte. Su faceta más importante era la de pasar de todo. Su arte era ignorar los cánones artísticos de la época y dejarse llevar por sus instintos más primitivos: el ansia de fama, el dinero, el consumismo galopante. Su arte sin propósito ni objetivo me lleva a un universo donde no necesito analizar la cabeza del artista mientras hacía su trabajo, donde los cipreses sólo son cipreses y el rojo sólo es rojo. De hecho, me inspira a hacer lo mismo. Nos esforzamos en elaborar ingentes metáforas sobre nuestra vida y a veces nos olvidamos de vivirla.
Algo que siempre me ha hecho gracia de Warhol son sus experimentos cinematográficos, ya sean hechos por él mismo o por otros.
Warhol comiendo una hamburguesa
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La nueva moda asiática son los pollitos teñidos. Miles de niños en Asia han recibido, como regalo de Pascua, pollitos como los que salen en la fotografía. El polluelo es teñido de color neón cuando todavía no ha nacido. Se inyecta un químico no tóxico dentro del cascarón y luego el polluelo nace como una berbena. El color se mantiene durante las primera semanas de vida y luego vuelve a su estado normal. Las fotos fueron tomadas por el fotógrafo Desmond Kavangh en Irán, pero parece ser una moda que se ha extendido por toda Asia.
De momento los científicos occidentales se han pronunciado poco al respecto, pero parecen no estar muy entusiasmados por la idea. El problema no es teñirles o no teñirles, sino que se ve a los animales como objetos de capricho que regalar a los niños pequeños, y no como seres vivos que son. Se ha investigado poco el efecto que tiene el químico de teñido en el animal, pero muy bueno no puede ser.
Me parece una salvajada, pero hasta a mí me están dando ganas de llevarme uno naranja.
Enlace | The Sun (Sí, lo sé, lo siento :S )
