La crisis económica no es sólo economía. España, admitámoslo, es un país de muchos problemas, quizás demasiados, que llevan sin resolverse desde las guerras carlistas. Esa brecha entre afrancesados y no afrancesados hoy sigue existiendo. Una brecha que, durante el siglo XX, se ha ido convirtiendo en otras batallas y diferencias políticas. La izquierda y la derecha en España están marcadas por estos acontecimientos históricos. Es algo innegable. No se puede comparar la diferencia política en España con la que hay en el resto de Europa. Sencillamente no son equivalentes.
El problema con la crisis lo va a tener el gobierno. El ciudadano de a pie, y especialmente el español, es hábil por naturaleza. Si las cosas se ponen feas, feas, que se pueden poner, encontraremos una forma de seguir hacia adelante. El gobierno puede que no. No me refiero a dinero.

El gobierno de España, sea quien sea el que esté en el poder cuando esta debacle ocurra, habrá fracasado cuando la ciudadanía deje de sentirse representada por el mismo. Esto es algo que ya está pasando de forma alarmante. Cuando el ciudadano deja de sentirse representado por un gobierno al que paga un puñado interesante de su salario, se enfada. Si Europa cree que el recorte de derechos y el aumento de los impuestos no va a pasar factura política a los gobiernos, están muy equivocados. Las protestas en los países musulmanes son igual de posibles en un país tan “civilizado” y “demócrata” como España.
Cuando este tipo de crisis económica ocurre, a veces hay que saber mirar a través de la macroeconomía. La macroeconomía, sobretodo en España, ha sido durante años un velo que mostrar al exterior como signo del gran milagro español. Ese velo a veces se tiene que descubrir y revelar la real naturaleza de las circunstancias.
Para el asesor externo que cobra por horas en la Moncloa, tú y yo somos una estadística, pero si los gobiernos no empiezan a empatizar con las mentes que hay detrás de esos números, el estado de derecho ya no podrá ser cuestionado… porque sencillamente no existirá.

No estoy de acuerdo con la última reforma laboral del gobierno. Hace flaco favor a la economía española y está claramente dirigida por las ‘recomendaciones’ externas del FMI y de la Unión Europea. En lo que se refiere a las cuentas del estado, puedo entender que, sencillamente, ya no hay más dinero para ir repartiendo a diestro y siniestro, pero estas medidas parecen más orientadas al empresario medio que a cebar los números rojos del estado.
¿Qué es lo que nos entusiasma tanto sobre la piel blanca? Estamos gobernados por una sociedad llena de villanos oscuros y héroes blancos. Desde las películas de Disney, donde Aladdin está menos ‘saturado’ en color que sus co-villanos, hasta Wall Street, una fiesta non-stop de blanquitos de mediana edad y mucho billete verde. Lamento decirte, lector, que ser blanco lleva estando de moda desde hace veinte siglos, aproximadamente. Siempre hemos escuchado sobre el término ‘canon de belleza’, y si bien es cierto que en antiguas culturas la figura ideal era distinta a la actual, nuestros actuales cánones están ligeramente por encima de lo retorcido.